Líderes y maestro
¨Todo buen líder es un buen maestro, todo
buen maestro es un buen líder.*
por Chuck Salter – Fast Company – 12-200
En una
economía llena de sorpresas y de incertidumbre, para ser un líder efectivo se
necesita ser un buen maestro. ¿Pero cómo se puede liderar y enseñar al mismo
tiempo? ¿Cuáles son sus estudiantes más importantes?
Y… ¿qué hay del recreo?
Y… ¿qué hay del recreo?
George Bernard Shaw no pudo estar más equivocado cuando acuñó la
famosa máxima: “Aquel que puede, hace. Aquel que no puede, enseña”. En una
economía de rápido movimiento que se maneja por las ideas, una parte esencial
de ser un líder es ser un buen maestro.
¿De qué otra manera puede alguien persuadir a todos los miembros
de una organización – ya sean 50 o 50 mil empleados- para que se muevan en la
misma dirección? ¿De qué forma se puede focalizar al equipo de trabajo y persuadirnos de una estrategia de reducción de tamaño de la empresa cuando la economía se estremece? ¿De que forma se puede asegurar que las personas de
todos los niveles entienden las prioridades de cada momento? ¿Cómo se pueden
desarrollar los lideres del mañana?
Simplemente: se les enseña. Eso no quiere decir que hay que
darles un discurso en una reunión general de la compañía o impartir órdenes a
los subordinados. Eso no es enseñar: eso es mandar. Decirle a la gente lo que
deben hacer no garantiza que ellos van a aprender lo suficiente para pensar por
ellos mismos en el futuro. En cambio, puede significar que ellos van a depender
de usted o de sus supervisores cada vez más y dejarán de tomar riesgos,
detendrán la innovación y pararán de aprender.
¿Qué hacen los grandes maestros que usted debería aprender para
cumplir con su papel de líder? A continuación encontrará lo que nos dijeron
aquellos que lo saben mejor que nadie: los profesores mismos. Maestros de toda
clase. Algunos de ellos enseñan formalmente en salones de clase. Otros enseñan
informalmente – en sus oficinas, durante la cena, en el camino – mientras
dirigen compañías. Nuestros expertos han enseñado a veteranos ejecutivos,
desarrolladores de software, representantes de ventas y estudiantes de MBA, así
como a universitarios, músicos, cirujanos y a otros maestros también.
La buena enseñanza, como se verá, es universal. Así el tópico de
hoy sea el lanzamiento de un nuevo producto o las ciencias sociales o cómo
hacer un “bypass” triple, los mismos principios – y muchas de las mismas
técnicas – se pueden aplicar.
¿Está usted listo para aprender? Siéntese en su pupitre y saque
su cuaderno, que la clase va a empezar…
1. No se trata de usted, sino de ellos
Algunos maestros se ven a sí mismos como el experto señalado
cuyo papel es impartir su conocimiento a los estudiantes que son como
recipientes vacíos. Esa es la peor metáfora, dice William Rando, quien ha
entrenado a profesores universitarios durante quince años. Los mejores
instructores se ven a sí mismos como guías. Ellos comparten lo que saben, pero
entienden que ellos no son el punto focal. Sus estudiantes sí lo son.
“Es difícil para algunos profesores entender que enseñar no es
acerca de ellos mismos,” dice Rando, quien maneja la Oficina de Desarrollo y
Preparación de Profesores de la Universidad de Yale. “Es algo que no se puede
aceptar intuitivamente. Sin embargo, no quiere decir que el profesor no
importe. Simplemente significa que en vez de preguntarse “¿Qué voy a hacer
hoy?” el profesor debe pensar: “¿Qué van a hacer mis estudiantes hoy?”
2. Estudie a sus estudiantes
No basta con conocer su material. Usted necesita conocer a las
personas a las que va a enseñar – sus talentos, su experiencia previa y sus
necesidades. De otra manera, ¿cómo puede usted estar seguro de lo que ellos ya
conocen y de lo que necesitan saber? “Yo le digo a mis profesores que piensen
que alguien les llama y les dice, “Estoy tratando de ir a Yale”, dice Rando.
“La primera pregunta que usted debe hacer es “¿En dónde está usted?” Usted debe
saber el punto de partida de una persona antes de poder ayudarla a encontrar su
destino. Puede sonar obvio, pero como profesores, a veces empezamos el viaje y
nos olvidamos de preguntar a los estudiantes, “¿En dónde están ustedes? ¿Cuál
es su punto de partida?”
Yoheved Kaplinsky, miembro del departamento de piano en la
Escuela Juilliard, pone mucho énfasis en conocer la forma cómo los estudiantes
se consideran a sí mismos. “Quiero ver cómo mis estudiantes evalúan su propia
forma de tocar,” dice ella. “Eso me da una idea de qué tan realistas o qué
tanto se ilusionan a sí mismos. De esta manera puedo escuchar entre líneas y
tener un esbozo de su personalidad”.
3. Los estudiantes asumen riesgos cuando los maestros crean un
ambiente seguro
Aprender exige ser vulnerable, dice Michele Forman, quien enseña
sociales en el Middlebury Union High School en Vermont. Los estudiantes tienen
que reconocer que ellos no saben, tomar riesgos y repensar lo que creían que
sabían. Eso puede ser incómodo – incluso aterrador – para algunos. Algunos
detalles cálidos no sobran, dice Forman, quien fue elegida la Maestra del Año
2001. Como tener un sillón y cojines en el suelo en una esquina del salón de
clase. O decorar las paredes con los trabajos de los alumnos porque “es el
espacio de ellos”. El resultado es un ambiente de aprendizaje que se presenta
seguro emocional, intelectual y psicológicamente.
“Si ellos no se sienten bien, les preparo una taza de té de
menta. Si tienen hambre, les doy de comer,” dice Forman. “Puede parecer algo
muy simple pero les envía un mensaje muy importante”. Los estudiantes tienen
que saber que pueden confiar en su instructor. De allí resulta otra de las
reglas de Forman: Eliminar el sarcasmo en el aula de clase. “No hay que crear
el temor de que usted los va a hacer quedar mal ante los demás”, dice ella.
4. Los grandes maestros emanan pasión y determinación
La diferencia entre un buen profesor y un gran profesor no es su
experiencia o su conocimiento. Tiene que ver con su pasión. Pasión por el tema,
pasión por enseñar. El deseo es contagioso, dice H. Muir, director de
capacitación en mercadeo global de SC Jonson en Racine, Wisconsin. Si el
profesor lo tiene, lo más seguro es que los alumnos también lo atrapen.
“Mis dos padres eran ambos maestros,” dice Muir. “Mi madre
enseñaba a estudiantes con deficiencias de comportamiento y mi padre enseñaba
historia y civismo. Lo más importante que aprendí de ellos es que hay que tener
pasión por lo que se hace y esta debe ser genuina. Es algo que no se puede
simular. Los estudiantes descubren inmediatamente cuando usted pone un interés
sincero y cuando no”.
5. Los estudiantes aprenden cuando sus maestros les muestran
cuánto necesitan aprender
Enseñar a adultos le ha dado a Tom McCarty, director de los
servicios de consultoría de la Universidad de Motorola, una confirmación del
viejo adagio que dice: “Cuando un estudiante está listo, el profesor se le
aparece”. Algunas de las personas que se presentan para los talleres de
mejoramiento continuo no están listas, porque ellos no piensan que necesitan
mejorar. No ven la brecha que existe entre lo que ellos son y lo que necesitan
ser. Hacerles ver esa brecha es una de las primeras tareas de McCarty.
“¿Su equipo se encuentra alineado alrededor de las expectativas
del cliente?”, les pregunta. “Claro que sí,” contesta alguno de los líderes de
algún equipo. McCarty le pide entonces a cada uno de los miembros del equipo
que escriba las cuatro prioridades más importantes del cliente y las coloca en
un tablero de manera que todos las puedan ver. “Si hay quince miembros en el
equipo, se obtienen sesenta prioridades diferentes,” dice. “Una vez que ellos
lo ven por sí mismos, van a acudir a mí diciendo, ¿Puedes ayudarnos en esto?”
6. Hay que volverlo claro así no se pueda volver simple
Uno de los principales atributos de un gran maestro es su
habilidad para desmenuzar ideas complejas y hacerlas entendibles. Lo mismo se
puede decir de los líderes empresariales hoy en día, dice Gary Grates, director
ejecutivo de comunicaciones internas de General Motors. De hecho, él afirma que
la esencia de enseñar – y de aprender – está en la comunicación. “El principal
reto que los líderes deben enfrentar es lograr que la gente les entienda,” dice
Grates. “Así esté usted hablando de Wall Street, de los socios, de los clientes
o de los empleados, sus interlocutores deben comprender la historia de la
organización – hacia donde se dirige, por qué se están haciendo estos cambios,
cómo trabaja usted y cómo piensa usted. De lo contrario, usted perderá valor,
ventas, nuevas oportunidades o a sus empleados. Por eso es que enseñar es tan
importante”.
7. No tema ser vulnerable, pero no sacrifique su credibilidad
Para algunos, ser un profesor – o un líder – significa
presentarse como la persona que tiene todas las respuestas. Cualquier signo de
vulnerabilidad o de ignorancia puede significar debilidad. Ese tipo de personas
son pésimos profesores, dice Parker Palmer, veterano instructor y autor de “El
coraje de enseñar: explorando el mundo interior del maestro”
A veces la mejor respuesta que un profesor puede dar es, “No lo
sé”. En vez de perder credibilidad, se gana la confianza de los alumnos y esa
confianza es la base de una relación productiva. “Todos sabemos que la
perfección es una máscara”, dice Palmer. “Por eso desconfiamos de las personas
que se ocultan detrás de la máscara del sabelotodo. No son honestos con
nosotros. Las personas con las que desarrollamos las más profundas conexiones
son aquellas que reconocen sus limitaciones frente a nosotros”.
Reconocer lo que usted no sabe muestra que todavía está
aprendiendo, que el profesor es, en realidad, todavía un estudiante. Para el
líder de una organización, este es un acto de equilibrio muy delicado, dice
Mike Leven, expresidente de Holiday Inn Worldwide y ahora director
general de U.S. Franchise Systems Inc. “Mientras que es razonable que alguien
no sepa muchas cosas, también la gente espera que la persona de quien dependen
sepa al menos algunas respuestas. Usted no puede permitir que la gente se
pregunte, “¿Por qué está éste dirigiendo la compañía?”.
8. Enseñe desde el corazón
La mejor enseñanza no sale de formulas; es personal. Diferentes
personas enseñan Shakespeare de múltiples maneras porque lo hacen de acuerdo a
cómo ellos son y cómo ven el mundo. O, como sice Palmer, “Enseñamos lo que
somos”. El acto de enseñar requiere el coraje de explorar su propio sentido de
identidad. Si usted no sabe quién es usted, dice Palmer, usted no puede conocer
completamente a sus estudiantes y no podrá conectarse con ellos.
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